Señora en Penumbra…

Por Elías Bautista
Por Elías Bautista

Seis de la tarde del 28 de noviembre, las palabras de Gabriel se repiten en muchos lugares, en El Viejo, las campanas de la basílica lanzan sus ahogados tonos al viento, mientras la pólvora contamina de sonidos los cielos de occidente, la Reina engalana, la Pura y Limpia Concepción, la que dicen fue propiedad de Teresa de Ávila, aparece antes sus fieles que emocionados esperan ver el candor de su rostro, reluciente, espléndida con sus anillos, collares de perlas, cadenas de oro, y dijes con piedras preciosas, corona imperial y ráfaga de doce estrellas, así se presenta cual un botón de rosa.

En la cima de un cerro en un lugar llamado El Carbonal, María sale a la puerta de su casa solitaria a contemplar hacia occidente los últimos fulgores del sol ocultándose, las nubes teñidas de naranja se ciernes sobre la tierra ya oscura, María ha vivido sola desde hace años, su marido murió en la guerra y sus hijos y nietos poco a poco se alejaron buscando su propia historia, ella sin embargo, en su mutismo perenne quedo sola en su casa levantándose como siempre a las cinco de la mañana a hacer café, moler maíz y echar tortillas.

En su rostro las arrugas son surcos sinuosos que forman un mapa indefinible, sus ojos son apenas dos semillas oscuras en cuentas igual de hundidas que exhibe pómulos de vejes y poca comida, María sin embargo se siente sobrecogida, su mes favorito está por venir, el recuerdo de la primer Purísima que paso en el pueblo, años atrás, la emoción de los dulces recibidos, y la aventura de regresar a casa ya de noche, a pie y con la compañía de la luna, siempre la conmueve.

En su mente calcula que son las seis de la tarde, “es la oración” comenta a nadie más que a los árboles y siembros que la rodean, compañía única en sus últimos años. Y repite ensimismada las palabras de Gabriel, una vez terminado, una extraña emoción la rodea, un arrebato de nostalgia la conmueve y sale casi gutural un sonido estridente de su garganta que entona aquel bello canto de su niñez  “tu gloriaaaa, tu gloooria, gozoso este diiiia, o dulceeee Mariaaaa, publicaaaa mi voz”, y se introduce en su casa.

En la sala sobre una mesa cubierta con una mantel de plástico raído y decolorido esta una imagen de la Inmaculada, la típica imagen que se venera en los hogares nicaragüenses, que sigue el modelo impuesto por Murillo, de yeso, chimada por antiguas caídas, su rostro ahumado por completo, amorenado por el tiempo, por adorno, oaxacas blancas en un baso verde de plástico lleno de agua, “tu vientre dichoso, oh hermosaaaa Maríaaa, de paz y alegriiiia, al hooombre llenó”, María sigue cantando como hipnotizada mientras pasa un trapito por la maltratada imagen, por la mesa, por el baso, “rendiiido mi peeecho, celebra tus glooorias, victoriaaaa, victoriaaa, Mariiiiia triunfo”, y como queriendo honrarla más, Maria toma su camándula o rosario, casi negra del uso y la suciedad, y con toda la humildad y delicadeza del mundo, lo pone sobre la imagen, y lo extiende a los pies de la misma.

Y María retrocede, contempla extasiada su pequeño altar dedicado a la Toda Hermosa, para ella, la María terrenal, la Señora de los cielos tiene digno Trono en su casa, no hay cohetes, no hay nardos, ni rosas blancas, no hay corona imperial, no hay luces de colores, solo hay una tenue luz que entre de afuera, y por joya el rosario ennegrecido, pero acá está su Trona, en su casa y su corazón.

En la noche se asoma la dama plateada que roba al sol un poco de su poderío luminoso para cobijar con su luz a los que caminan en penumbras…

2 comentarios en “Señora en Penumbra…

  1. Me enternece esta lectura, por la siempre dulcisima Virgen Maria, refugio de los afligidos, estrella de la mañana, refulgente luz del medio dia.
    Se que ayer se celebro en Nicaragua la alabanza a la Virgen Concepcion de Maria, creci con ella y desde la lejania la estuve recordando, .- Pues concebida fuiste sin mancha, ave Maria, llena de gracia, llena de gracia de gracia.
    Me llena de nostalgia sacar los recuerdos del baul que aun llevo a cuestas, y escondo la cara para que no brillen estas lagrimas mias.
    Con mis manos toco en el aire esa imagen que se proyecta en el silencio de mi soledad, aun sigo soñando con el regreso, aun sigo tomando pinol, comiendo nacatamal y cantandole a la toda hermosa madre de Dios.
    Gracias Aldo por tan magnifica lectura, ojala nunca cambien tus sentimientos a la Madre de Dios, y que sigas siendo un Mariano empedernido.
    Saludos perfumados de flores de sacuanjoche, madroño y heliotropos.

    ME 109 CITO.

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