En nombre de progreso se pueden sacrificar inmensidad de cosas, que para algunos no signifiquen mucho. Para los raros como yo, saber que la quietud de mi pueblo se ve amenazada por el progreso, que traerá mejor vida a todos, mayor fuente de empleos y dinero, mucho dinero, no es motivo de alegría.

Fuente del Parque, Telpaneca, Madriz.
Muchas personas de las grandes ciudades ven a pueblos con el mío, pequeños, tanto que no hay necesidad de taxis, como si fueran lugares incivilizados donde la vida no vale nada, es todo totalmente aburrido, no hay donde salir, no hay variedad de canales para ver tv, es todo tan ordinario y común, hay, es fastidioso. Incluso personas que nacieron en pueblos, parte de su vida fueron habitantes de pueblos y luego necesidades y otras cosas los llevaron lejos, al regresar a ellos, se sienten extranjeros, extraños, como si nunca en sus vida caminaron por aquellas calles, y ojo, no digo que todos, pues muchos añoran regresar de forma definitiva.
Sin embargo, que de malo tiene mi pueblo Telpaneca, hay internet y señal de celular, hay diez canales internacionales y cuatro nacionales, hay varias congregaciones y denominaciones religiosas (excepto satánicas, o por lo menos no me he enterado), podrías caminar por sus calles a cualquier hora sin temor a que te asalten o asesinen por robarte el celular o la cadena de oro, el parque no es muy grande pero tiene sitios donde una pareja pueda verse a escondidas, por lo menos hacen el intento.

TELPANECA visto desde el sur.
El clima, bueno, es caliente por lo general pero de Noviembre a Enero es fresco y tiene atardeceres dignos de bosques élficos. La gente, acogedora, bueno tampoco abrirá las puertas de par en par a cualquier extraño verdad, pero brindan ayuda siempre que se pueda. Un pueblo muy religioso, con fiestas bonitas, con una topografía bastante accidentada, para muchos un dolor de cabeza pero a mí me encanta.
Su quietud, interrumpida por uno que otro vehículo, por el canto de los pájaros, el ladrar de los perros, el cantar de los gallos, uno que otro equipo de sonido con música de moda, esa magia de pueblo que casi nadie sabe valorar, esos caminos y callejones poco transitados, sin aasfaltar y rodeados de vegetación, vestigios de una industria perdida o interrumpida por la guerra y la post-guerra. Lugares donde de niño cree mis propios países, ciudades, mis propios conflictos bélicos, tratados de paz, historias de amor y desamor, intriga y aventura. Un pueblo que en los hogares de sus habitantes, en las cocinas de fogón, aún se guardan secretos sin revelar, secretos de familias que apasionarían a cualquier escritor en busca de su betseller.
¡Descubrieron oro! El Río Coco que surca nuestro pueblo, estuvo siempre bañado por pepitas de oro, que desde antaño se extraían, ahora la fiebre parece tener de nuevo un germen, y esta vez una empresa, u organismo, gubernamental o privado (la verdad los comunes no nos esteramos de esto) invadió las playas de nuestro río escarbando, ¡Encontraron oro!, se cuchichea en las cocinas, se comenta en las aceras. Un helicópterosurco nuestro cielos con rumbo a “El Pericón” (comunidad rural donde también se extrajo oro en el pasado), ¡Son los españoles los que echaran a andar la mina!, los huecos en las montañas ya son visibles.
Yo conocí un pueblo minero, no quiero eso para el mío, gente extraña que invada nuestras calles, gente sin escrúpulo que arrastradas por el trabajo y el progreso y el oro lancen por la borda lo que mi Telpaneca siempre ha sido, y por lo que siempre lo he amado, un pueblo norteño, pintoresco y quieto.
¿Cuánto hemos perdido en nombre del progreso y la civilización? Lo principal, nuestra libertad, pues somos esclavos del mercado y el consumismo. La Paz, porque la guerra siempre acompañara a la humanidad y el amor al poder. Muchas bellezas naturales, pues los cultivos y el ganado son más importantes para la economía de los países.
¿Qué derecho tenemos por destruir lo que no es nuestros? Por si no lo recuerdan pertenecemos al reino animal y al igual que ellos nos tuvimos que haber conformado con lo estrictamente necesario para vivir, pero no, deseamos más, somos soberbios y por ello hemos perdido mucho a través de los siglos.
¡Progreso!, ¡Progreso!, a mí no me hace feliz, seré raro, mes consideran raro, pero solo yo veo que la esencia y magia de este pueblo está amenazada por los tambores de guerra que trae consigo el progreso, el socialismo y el capitalismo y todas las formas de pensamiento que arrastra el dinero y el poder, pues el marxismo quería igualdad, pero a la larga sirvió de mampara para que otros, no los de siempre, ejercieran el poder.
La civilización es una falsedad, la mayor mentira de todas, no ha sido más que una máscara para justificar las atrocidades que hemos hecho con el planeta, y nuestras pequeñas comunidades tranquilas.
Managua es un ejemplo, de ser una villa apacible paso a ser la mayor Ciudad del País, con el mayor progreso, el centro de comercio de Nicaragua, las puertas del País al mundo, pero también un nido de delincuentes y ladrones, que te dejan a penas con lo que vistes, a la luz del sol, y sin vida en las sombras de la noche.
No quiero eso para Telpaneca, pero, qué puedo hacer yo, decir lo que siento en mi blog, quizás no sirva de mucho, pero alguien tiene que sentirlo y decirlo.
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